vie 3a. Sem Pascua (Id=282)
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Digno es el Cordero sacrificado de
recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya.
Dignus est Agnus, qui
occísus est, accípere virtútem et divinitátem et sapiéntiam et fortitúdinem et honórem, alleluia
Oremos:
Dios todopoderoso, que nos has dado la gracia de conocer la resurrección de tu
Hijo, haz que resucitemos a una vida nueva por medio de tu Espíritu de amor.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Es el instrumento escogido por mí, para que me dé a conocer a las naciones
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles
9, 1-20
En aquellos días, Saulo,
que seguía amenazado de muerte a los discípulos del Señor, se presentó al sumo
sacerdote y le pidió cartas de presentación para las sinagogas de Damasco, con
el fin de llevar encarcelados a Jerusalén a todos los que encontrara, hombres o
mujeres, que siguieran el camino de Jesús. Cuando estaba cerca de Damasco, de
repente lo envolvió un resplandor del cielo, cayó a tierra y oyó una voz que
decía:
"Saulo, Saulo, ¿por
qué me persigues?"
Saulo preguntó:
"¿Quién eres, Señor?"
La voz respondió:
"Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra a la ciudad y allí
te dirán lo que debes hacer".
Los hombres que lo acompañaban se detuvieron espantados; oían la voz, pero no
veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque
tenía los ojos abiertos, no veía nada; así que lo llevaron de la mano y lo
introdujeron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El
Señor le dijo en una visión:
"Ananías".
El respondió:
"Aquí me tienes, Señor".
Y el Señor le dijo:
"Levántate, vete a la calle llamada Recta, y busca en la casa de Judas a
un tal Saulo de Tarso. Está allí orando, y ha visto a
un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía
las manos para devolverle la vista".
Ananías respondió:
"Señor, he oído a muchos hablar del daño que ese hombre ha hecho en
Jerusalén a los que creen en ti; y ha venido con poderes de los sumos
sacerdotes, para arrestar a todos los que invocan tu nombre".
Pero el Señor le dijo:
"Vete, porque éste es para mí un instrumento elegido para anunciar mi
nombre a todas las naciones, a sus gobernantes, y al pueblo de Israel. Yo le
daré a conocer cuánto tendrá que padecer por causa de mi nombre".
Ananías fue, entró en la casa, le impuso las manos y
le dijo:
"Hermano Saulo, Jesús, el Señor, que se te
apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista
y quedes lleno del Espíritu Santo".
En ese momento se le cayeron de los ojos una especie de escamas y recuperó la
vista, y a continuación fue bautizado. Luego comió y recobró las fuerzas.
Después de pasar algunos días con los discípulos que había en Damasco, Pablo
empezó a predicar en las sinagogas, proclamando que Jesús es el Hijo de Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 116, 1-2
Que aclamen al Señor todos los pueblos.
Eúntes in mundum univérsum,
praedicate Evangélium
Alaben al Señor todas las naciones, aclámenlo todos lo pueblos.
Que aclamen al Señor todos los pueblos.
Eúntes in mundum univérsum,
praedicate Evangélium
Grande es su amor por nosotros, y la
fidelidad del Señor dura por siempre.
Que aclamen al Señor todos los pueblos.
Eúntes in mundum univérsum,
praedicate Evangélium
Aclamación
antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él, dice el
Señor.
Qui mandúcat meam carnem et bibit meum sánguinem,
in me manet, et ego in eo,
dicit Dóminus
Aleluya.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 52-59
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los judíos disputaban entre sí:
"¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"
Jesús les dijo:
"Yo les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su
sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene
vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y
mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí
y yo en él. Como el Padre que me envió posee la vida y yo vivo por él, así
también, el que me coma vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo,
no como el pan que comieron sus antepasados. Ellos murieron, pero el que coma
de este pan, vivirá para siempre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta, Señor, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucarístico y
transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Restauración universal por el misterio pascual
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte
siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra
Pascua, ha sido inmolado.
Porque en él fue demolida nuestra antigua miseria, reconstruido cuanto estaba derrumbado y renovada en
plenitud la salvación.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
[Misa]
Cristo, que murió en la cruz, ha
resucitado de entre los muertos y nos redimió. Aleluya.
Crucifíxus surréxit a mórtius,
et redémit nos, allelúia.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar en
memoria suya y en la cual hemos participado, nos una cada vez más con el
vínculo de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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